Pigmento vivo es una invitación a sentir el color más allá de la mirada, a experimentarlo como una materia que respira, cambia y se transforma con quien la observa. La exposición reúne a cinco artistas —Laura Velasco, Oli Berg, José María de Aurora, Jesús de Zafra y Candela Muniozguren— cuyas obras dialogan desde la pintura y la escultura para dar forma a un mismo impulso: el del pigmento entendido como algo vivo.
En la planta superior, el recorrido se abre a una explosión de energía y vitalidad. El color se expande, se vuelve táctil, casi físico, y envuelve al espectador en un lenguaje de formas orgánicas y resonancias naturales que evocan crecimiento, movimiento y emoción. Es un espacio que invita a dejarse llevar, a conectar de manera inmediata e intuitiva con la obra.
Al descender, la experiencia se transforma. La intensidad se recoge y da paso a una atmósfera más íntima y reflexiva, donde los tonos se apagan y el gesto se vuelve más contenido. Aquí, el pigmento adquiere profundidad y silencio, revelando otra forma de presencia, más pausada, más introspectiva.
Pigmento vivo no es solo una exposición, sino un recorrido sensorial que invita a descubrir dos estados de una misma energía. Una experiencia pensada para ser vivida, sentida y, en muchos casos, llevada consigo.




